Introspección pecaminosa

El destino se vistió de lunes, tomó un café con las verdades que no amanecen nunca temprano, y salió a disponerse una vida.
En la esquina de los retrasos perdió el bus de la oportunidad que viene siempre y nunca llega y entonces prefirió caminar hasta llegar a encontrarse.
En el sucio diván, se acomodo imprudente, y al tiempo inconsciente, que se cumplió sin permiso, concluyó que no se puede con la fe de las imberbes circunstancias, que siempre, sin importar menos que nada... se salen con la suya y no son menos que todo...
Se condenó entonces a la impotencia de sólo ver el mundo por la ventana de las vidas que parecen realidades sólo de lejos y desde ese balcón se despidió de la verdad, para arrojarse al vacío de la efímera existencia.
Más allá de lo real, la gravedad cumplió al destino.
Ahora es un jubilado, que no alimenta mas que aves que se vuelan antes de llegar a ser siquiera esperanzas, y se cura las heridas culpando al futuro, que siempre sin importar pretextos... termina en disponer lo que él mismo alguna vez, sin animo de animarse inspiró en vagas excusas...

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